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Canalizar está de moda... ¿Y si pudieras hacerlo sin años de entrenamiento?

En los últimos años, la palabra canalización ha ganado un gran protagonismo en los círculos donde se habla de espiritualidad. Cada vez hay más personas que afirman que canalizan. Pero, si escuchas con atención lo que explican, descubrirás que no todas se refieren a lo mismo.


Para algunas personas, canalizar significa recibir una intuición especialmente clara. Es esa sensación de que una respuesta aparece de repente, sin haberla razonado, pero con una fuerza tan grande que resulta difícil ponerla en duda.


Otras cuentan que tienen sueños que después se cumplen, visiones cuyo significado solo comprenden meses más tarde o inspiraciones repentinas que las llevan a iniciar un proyecto o a tomar una decisión importante. Hace unos años probablemente habríamos hablado de sueños premonitorios o de videncia.


También hay quienes describen experiencias de contacto con familiares fallecidos o con seres de luz. Tradicionalmente, a estas personas se las ha conocido como médiums.


Por último, están quienes hablan propiamente de canalizar: sentir que reciben información u orientación de ángeles, guías espirituales o de una conciencia que perciben como trascendente.


Las etiquetas cambian según la época y las creencias de cada uno, pero quizá todas estas experiencias comparten un mismo elemento: la sensación de que la información no procede únicamente del pensamiento racional.


¿Estamos hablando de fenómenos diferentes?


Puede que sí.


O puede que estemos observando manifestaciones distintas de un mismo fenómeno.

Es posible que el nombre que damos a la experiencia dependa de nuestra cultura, de nuestras creencias o de la forma en que interpretamos lo que vivimos.


Quien tiene una mirada más psicológica hablará del inconsciente.


Quien tiene una mirada espiritual hablará del alma, del Yo Superior o de los guías espirituales.


Quien pertenece a una tradición religiosa verá en ello la mano de Dios.


Y quien no se identifica con ninguna de estas explicaciones quizá se limite a decir que, sencillamente, todavía existen muchas cosas que no comprendemos.


Sea cual sea la interpretación, muchas personas coinciden en una misma sensación: hay momentos en los que aparece una información que parece ir mucho más allá de lo que la mente racional habría podido elaborar por sí sola.


¿Existe una única forma de canalizar?


La respuesta es no. De hecho, si escuchas a distintas personas que afirman canalizar, descubrirás que cada una describe la experiencia de una manera completamente diferente.


Hay quien explica que, de repente, ve una escena con una nitidez sorprendente, casi como si estuviera viendo una fotografía o una pequeña película. Puede tratarse de un recuerdo, de una situación futura o de una imagen cargada de simbolismo cuyo significado solo comprenderá tiempo después.


Otras personas no ven absolutamente nada. Simplemente saben. Les llega una certeza que no pueden justificar racionalmente, pero que sienten con una fuerza extraordinaria. Es esa sensación que todos hemos experimentado alguna vez cuando intuimos una respuesta antes de ser capaces de explicarla.


También hay quienes perciben palabras o frases completas, como si alguien las pronunciara dentro de su mente. No las escuchan con los oídos, pero tampoco tienen la sensación de haberlas pensado conscientemente.


Otras personas viven la experiencia de una forma mucho más corporal: una emoción intensa, una presión en el pecho, un calor en las manos o una sensación física que parece llevar incorporado un mensaje.


Y también están quienes practican la escritura automática. Comienzan a escribir sin saber qué va a salir y, unos minutos después, se encuentran leyendo un texto que les sorprende tanto como sorprendería a cualquier otra persona.


Por eso creo que no existe una forma correcta de canalizar. El lenguaje a través del cual se manifiesta esta experiencia parece adaptarse a la manera natural de percibir de cada persona.


¿Es una habilidad reservada a unos pocos?


Una de las frases que más escucho en este mundo es:

"Todo el mundo puede canalizar."


Personalmente, estoy bastante de acuerdo. Pero también creo que esta afirmación necesita un matiz importante.


No es lo mismo tener la capacidad potencial que tenerla desarrollada.


Hay personas que, desde pequeñas, explican experiencias que no saben interpretar: ven cosas que los demás no ven, tienen intuiciones extraordinariamente precisas o perciben presencias que los adultos suelen atribuir a la imaginación.


Otras no viven nada parecido hasta que atraviesan una experiencia que transforma profundamente su forma de entender la vida: una enfermedad, una experiencia cercana a la muerte, una crisis personal o años de trabajo interior.


También hay quienes dedican mucho tiempo a desarrollar esta sensibilidad mediante la meditación, la contemplación u otras prácticas espirituales.


Todo eso es perfectamente posible.


Pero también es cierto que la mayoría de las personas tienen un trabajo, una familia, responsabilidades y poco tiempo para dedicar años a desarrollar esta capacidad.


Y es precisamente ahí donde la hipnosis proyectiva abre una puerta muy interesante.


¿Y si pudieras explorarlo bajo hipnosis?


La propuesta que hago desde Intuir es muy sencilla.


En lugar de invertir años intentando silenciar la mente, podemos aprovechar el estado hipnótico para facilitar ese proceso.


La hipnosis crea un estado de conciencia diferente al de la vigilia habitual. La mente racional sigue estando presente, pero deja de ocupar todo el espacio. Es como si el volumen del ruido mental que nos acompaña constantemente descendiera unos cuantos niveles.


Y cuando eso ocurre, muchas personas descubren una forma completamente distinta de percibirse a sí mismas.


Es entonces cuando pueden aparecer intuiciones inesperadas, imágenes cargadas de significado, recuerdos, emociones, símbolos o respuestas que llevaban mucho tiempo buscando.


Según las creencias de cada persona, esa experiencia recibirá una interpretación distinta.


Habrá quien sienta que ha conectado con su inconsciente.

Otros dirán que han conectado con su Yo Superior.

Otros hablarán de una experiencia espiritual o de la presencia de guías.

No considero necesario que todos utilicemos las mismas palabras.

Lo verdaderamente importante es que la experiencia tenga sentido para quien la vive.


¿Qué entiendo yo por canalizar?


Para mí, canalizar no consiste tanto en hablar con seres externos como en aprender a escuchar esa parte profunda de nosotros que existe más allá del ruido constante de la mente consciente.


Es una parte que, a mi entender, está profundamente conectada con nuestras emociones, con nuestra dimensión espiritual y con una sabiduría que con demasiada frecuencia queda escondida bajo las preocupaciones del día a día.


Existe un nivel de conciencia desde el que la vida se comprende con una claridad radicalmente distinta.


Cuando una persona accede a ese nivel, muchas preguntas dejan de necesitar una respuesta racional porque, sencillamente, aparece una comprensión más profunda.


Ese es el espacio que intento facilitar durante una sesión de hipnosis proyectiva.

Yo no doy las respuestas.


No interpreto lo que nadie debe creer.


No dirijo el contenido de la experiencia.


Simplemente acompaño a la persona para que pueda llegar a ese lugar interior y escuchar qué hay allí.


Porque, en realidad, las respuestas más importantes rara vez vienen de fuera.


Con mucha frecuencia, simplemente estaban esperando a que encontráramos el silencio suficiente para poder escucharlas.


¿Qué puede aparecer durante una sesión de hipnosis proyectiva?


Cada persona vive una experiencia completamente distinta.


Alguien puede recibir una nueva comprensión sobre un conflicto familiar que arrastra desde hace años.


Otra persona puede descubrir el origen emocional de un bloqueo que nunca había conseguido entender.


Hay quienes experimentan imágenes que interpretan como vidas pasadas.


Otros sienten la presencia de un ser querido que falleció o la de un guía espiritual.


También hay personas que, simplemente, terminan la sesión con una profunda sensación de paz, como si por fin hubieran vuelto a conectar con una parte de sí mismas que llevaba mucho tiempo en silencio.


No hay una experiencia más válida que otra.


Cuando se abre la puerta hacia el interior, cada persona encuentra exactamente aquello que necesita encontrar en ese momento de su camino.


Y precisamente por eso ninguna sesión es igual a otra.


Sin entrenamiento. Sin años de práctica.


Este es, probablemente, el aspecto que más sorprende.

No hace falta haber estudiado canalización.

No hace falta llevar años meditando.

No hace falta pensar que tienes un don especial.

Solo hace falta estar dispuesto a explorar tu mundo interior.


Durante una sesión de hipnosis proyectiva, cualquier persona puede vivir una experiencia que interprete como una forma de canalización.


El mensaje puede llegar en forma de imágenes, palabras, sensaciones corporales, recuerdos, intuiciones o, simplemente, como una certeza profunda imposible de explicar con palabras.


Cada persona tiene su propia manera de percibir.

Lo importante no es cómo llega el mensaje, sino que llegue.

Y, sobre todo, que aquello que llega tenga sentido para quien lo está viviendo.


Quizá no se trata de aprender, sino de escuchar


Cada vez estoy más convencida de que muchas de las respuestas que buscamos no están fuera.


Quizá no se trata de incorporar más conocimientos.

Quizá no se trata de desarrollar un don especial.

Quizá se trata, simplemente, de aprender a escuchar.


Escuchar esa parte de nosotros que permanece oculta bajo el ruido constante de la mente, las preocupaciones, los miedos y las expectativas.


Cuando ese ruido disminuye, aparece otra forma de comprender.

Más intuitiva.

Más profunda.

Más silenciosa.


Hay quien la llamará intuición.

Hay quien hablará de canalización.

Otros preferirán hablar del Yo Superior, de los guías espirituales o, simplemente, de la sabiduría interior.

El nombre es lo de menos.


Lo verdaderamente importante es que, cuando dejamos de interferir y aprendemos a escuchar, aparecen respuestas que la mente racional, por sí sola, difícilmente habría podido construir.

No porque lleguen desde fuera.

Sino porque, por primera vez en mucho tiempo, nos permitimos escuchar aquello que siempre había estado dentro.


¿Te gustaría vivir esta experiencia?


La hipnosis proyectiva no pretende enseñarte a canalizar.

Pretende ayudarte a escuchar.

A crear el espacio necesario para que tu mente se calme, el ruido disminuya y pueda emerger esa parte profunda de ti que tantas veces queda eclipsada por las exigencias de la vida cotidiana.


No necesitas experiencia previa.

No necesitas años de entrenamiento.

No necesitas creer en una determinada corriente espiritual.

Solo necesitas curiosidad y la disposición de mirar hacia tu interior.


Porque, a veces, las respuestas que tanto buscamos no están en ningún lugar lejano.

Simplemente esperan a que hagamos silencio para poder escucharlas.



 
 
 

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